Investidura de Medicina Veterinaria UC: Envío a cuidar la vida, unidos
29 de junio 2026

La tradicional ceremonia es una oportunidad para detenerse antes de comenzar la práctica clínica, recordar por qué se eligió el camino de la medicina veterinaria y comprender que la profesión no se ejerce en soledad, sino desde una comunidad que aprende unida y que encuentra en el cuidado de la vida la razón más profunda de su vocación.
Hay momentos en la vida universitaria en que las y los estudiantes toman conciencia de que su formación va más allá de una acumulación de saberes, y que el sentido de todo estudio es, también, responder a un llamado. Para la generación 2023 de la Escuela de Medicina Veterinaria UC, el pasado 19 de junio las clases se detuvieron un instante para abrir paso a un hito de encuentro, memoria y reflexión que selló su compromiso con la vida.
En este rito, que se celebra en cada escuela de la Facultad de Medicina UC, se bendice el traje clínico de cada alumno y alumna. Un símbolo que responde al sello valórico y espiritual que la UC busca transmitir, creando espacios donde la comunidad universitaria aprende a poner sus talentos al servicio de la sociedad en una misión que trasciende la realidad temporal.
Comprometidos con el cuidado de la casa común
Bajo la mirada de San Francisco de Asís, patrono de la escuela, la investidura recuerda que cuidar un animal es también aprender a reconocer la creación como un don confiado a quienes eligen esta profesión.

La Dra. Andrea Moreno, Directora de la escuela, señala que esta vestimenta «representa el respeto por la vida, la entrega al conocimiento, la dedicación al cuidado de los animales y su rol crucial en la salud pública». Por ello, en la reciente ceremonia invitó a los estudiantes «a pedir que este traje no solo los cubriera físicamente, sino que fuera también una señal de luz y guía en los momentos de desafío y decisión».

A esa misma luz se refiere el hermano Javier Rojas, quien presidió la celebración. Explica que la bendición de trajes clínicos busca agradecer el don de la vocación y consagrar ese camino al servicio del bien. «La bendición pide a Dios sabiduría para tomar buenas decisiones, rectitud para actuar éticamente y compasión para cuidar la vida con sensibilidad», señala.

Un alto para agradecer y recordar el llamado a servir
Florencia Millar y Renata García, coordinadoras de la Pastoral Medvet, agrupación que organiza esta ceremonia junto a Pastoral UC, describen este espacio como «una forma de detenernos un segundo para agradecer y encomendar a Dios el inicio de esta etapa tan significativa». Para ellas, formarse como médico veterinario no termina en el conocimiento, sino que continúa en la humildad y el servicio hacia las y los colegas, profesores, pacientes y toda la creación.

Cada etapa de esta celebración busca reforzar esa intención: en la presentación de ofrendas -símbolo de los esfuerzos de esta carrera y de la dignidad de la vida de todo animal- y en la entrega de velas que los profesores encienden en manos de las y los estudiantes.
«Simboliza la transmisión de la luz del conocimiento, experiencia y calidad humana que comparten los docentes a los alumnos, que los acompañará durante su formación y su ejercicio futuro en la medicina veterinaria, recordándoles su llamado a aprender e iluminar la vida de los demás a través del servicio, siempre con ética, compasión y respeto por la vida», expresan las coordinadoras.

Una comunidad que se construye en lo cotidiano
Vicente Pino, estudiante encargado de ofrecer el discurso en representación de sus compañeros en la última ceremonia, transmitió a las y los asistentes el espíritu de la generación que se ha ido construyendo durante estos cuatro años, tanto en el aula como en la convivencia cotidiana. En su mensaje valoró la importancia de los pequeños detalles, como el préstamo de un lápiz, apuntes o una calculadora.
«Son gestos que desde fuera aparentan ser simples o básicos, pero son pequeños indicios de que seremos profesionales que no serán indiferentes al colega de al lado, y que siempre estarán dispuestos a echarle una mano a quien lo requiera», reflexiona.
Este sentimiento es compartido por sus pares. Camila Valenzuela cuenta que las prácticas clínicas generan una mezcla de nerviosismo y expectación ante la responsabilidad que viene. Pero lo vivido en la Investidura le permitió mirar este desafío desde una nueva perspectiva. «Me siento más calmada y confiada conmigo misma, valorando mi propio esfuerzo», señala.
La inspiración de San Francisco en el nuevo Hospital de Pequeños Animales
La tercera investidura de la escuela ocurre en un momento particular: en el año jubilar de San Francisco, la comunidad ha podido apreciar, durante los últimos meses, los avances de la construcción del futuro Hospital de Pequeños Animales.

«Así como San Francisco de Asís veía en cada criatura un reflejo de la creación y una oportunidad para servir con humildad y compasión, esperamos que este hospital sea también un espacio donde el conocimiento científico se encuentre con la vocación de servicio, y donde cada paciente atendido nos recuerde el profundo sentido humano de nuestra profesión», señala la Dra. Andrea Moreno.
Esa misma vocación de servicio se proyecta hacia la sociedad. Junto con agradecer y consagrar esta nueva etapa, el hermano Javier Rojas destaca que toda bendición termina siendo también un envío, que en este caso se manifiesta en la misión de cuidar la creación, proteger la vida vulnerable y contribuir a una cultura que respete y no descarte.

«La bendición no es solo para ‘ellos’, sino que tiene un impacto social. Los convierte en signos del cuidado de Dios en el mundo, especialmente hacia la creación y los seres más frágiles», concluye.