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Una Salud

Conoce el proyecto que busca proteger la fauna antártica de patógenos emergentes y contaminantes

5 de diciembre 2025


En la iniciativa -financiada por la ANID (Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo) y liderada por la Universidad de Chile- participan investigadores de tres universidades chilenas junto al Instituto Antártico Chileno (INACH). Su objetivo es comprender y anticipar los riesgos emergentes que afectan a muchas especies del territorio polar.

La bioacumulación de patógenos emergentes y contaminantes -como dioxinas, PCBs y microplásticos- en aves y mamíferos marinos es una amenaza ecológica que se ha instalado en las regiones antártica y subantártica de Chile. Estos son algunos de los ecosistemas menos estudiados del planeta por ser un territorio aislado y considerado prístino.

“Se trata de un continente del que se tiene muy poca información y la que existe es muy fragmentada. Es un hábitat expuesto a enfermedades emergentes, como la influenza, y también un lugar donde se están viendo las primeras señales de bioacumulación de tóxicos”, afirma el Dr. Pedro Jiménez, académico de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El Dr. Jiménez es uno de los investigadores que integran el proyecto “Riesgos emergentes en la Antártida y la región subantártica de Tierra del Fuego y Magallanes: evaluación de patógenos y contaminantes en la fauna silvestre mediante vigilancia activa”, iniciativa dirigida por el Dr. Víctor Neira y la Dra. Javiera Conejo, ambos académicos de la Universidad de Chile, institución que además actúa como principal beneficiaria. Es un proyecto colaborativo de investigadores de la UC, la Universidad Santo Tomás y el Instituto Antártico Chileno (INACH).

La principal innovación de esta iniciativa es su aproximación desde la mirada de Una Salud, aquella que reconoce la profunda interconexión entre la salud humana, animal y ambiental. Y el objetivo es ambicioso: desarrollar modelos para anticipar riesgos, y fortalecer la formación y la divulgación científica, consolidando a Chile como referente en investigación polar.

Una amenaza progresiva en la cadena trófica

Junto a los patógenos emergentes, el proyecto incluye el estudio de contaminantes persistentes generados por el ser humano, como las dioxinas, PCBs y microplásticos. Con una vida media de hasta 20 años, estos compuestos son arrastrados a la Antártida por las corrientes oceánicas, los movimientos de viento atmosférico y el incremento del turismo y la actividad científica en el continente blanco.

“No sabemos bien cómo va a impactar la bioacumulación de tóxicos en aves, peces y mamíferos marinos, entre otros. Muchos de estos contaminantes son lipofílicos, es decir, se acumulan en la grasa. No existen enzimas capaces de degradarlos y se van concentrando progresivamente en las diversas especies, a lo largo de la cadena trófica”, explica el Dr. Jiménez.

El equipo también podrá evaluar problemas como la resistencia a los antimicrobianos y la presencia de influenza aviar altamente patógena, cuyo primer brote en la zona antártica y sub antártica se registró en 2023.

Impulsando la ciencia, las políticas públicas y la posición geopolítica

A juicio del académico de la UC, esta iniciativa proyecta un crecimiento de la investigación científica en la zona —en colaboración con la Red de Centros y Estaciones Regionales (RCER UC), que incluye las estaciones de Punta Arenas y Puerto Williams—, y tendrá repercusiones en políticas públicas en materia de conservación en el extremo sur del país, además de aportar un beneficio estratégico asociado a la ubicación de Chile.

“Tenemos ya una ventaja comparativa con otros países, por nuestra cercanía física con el continente antártico, el contar con bases permanentes y por la importante actividad científica que realiza el Instituto Nacional Antártico Instituto Antártico Chileno (INACH)”, concluye el Dr. Jiménez.

El académico destaca que este proyecto representa un hito significativo para abordar la vulnerabilidad de la fauna en estudio ante amenazas emergentes y contar con información valiosa para impulsar acciones eficaces que protejan el patrimonio del continente blanco, en línea con la mirada Una Salud.


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