Médicos veterinarios: guardianes de la salud animal y humana en el territorio
24 de abril 2026
En el campo chileno, donde el vínculo entre familias y animales es cotidiano y profundo, existen comunidades sin acceso a médicos veterinarios. Académicos de la Escuela de Medicina Veterinaria UC llevan su vocación y la de sus estudiantes al territorio rural con investigación de campo y metodologías orientadas al servicio. Su llamado es a mirar no solo las necesidades de los animales, sino a las familias con las que se vinculan.
Fotos: Escuela de Medicina Veterinaria UC
Lo conocieron en una salida extraprogramática a la zona de La Aguada de Illapel: el Dr. Cristian Álvarez, académico de la UC, junto a un grupo de estudiantes, escucharon el testimonio de un anciano que toda su vida había sufrido insuficiencia cardíaca. La causa de vivir décadas de daño cardíaco fue la exposición en su infancia al parásito causante de la enfermedad Chagas.
“Cuando niño, salía a pastorear a las cabras. A veces se quedaba dormido desempeñando esta labor y despertaba con vinchucas sobre su cuerpo, las que seguramente transmitieron Trypanosoma cruzi, el agente causante de esta enfermedad. Este parásito es un ejemplo de zoonosis, enfermedades que se transmiten de los animales a los seres humanos, y que son causadas también por virus, bacterias u hongos”, explica el Dr. Álvarez.
En este caso, la falta de acceso a la educación en el ciclo del parásito y la insuficiente presencia de personal de la salud, entre ellos médicos veterinarios, era un obstáculo para ayudar a las comunidades desde la mirada preventiva que caracteriza a la medicina veterinaria.
“La medicina veterinaria nos recuerda que la salud de los animales, las personas y los ecosistemas son inseparables: un dato que lo confirma es que el 60% de todas las enfermedades infecciosas en personas tienen un origen en animales”, señala el Dr. Raúl Alegría, epidemiólogo de la Escuela de Medicina Veterinaria de la UC.
Más que una herramienta: el animal como parte de la familia rural
La Dra. María Paz Zúñiga, del área de medicina equina, recorrió este verano 680 kilómetros por la región de La Araucanía junto a dos alumnas. Visitaron 16 predios, revisaron 53 caballos, y se sorpendieron con una realidad que no estaba documentada en estudios ni en libros.
«Nos sorprendió gratamente entender que esos caballos viven en un ambiente incluso más tranquilo que el que vive en la zona central, en un club ecuestre, por ejemplo. En muchos aspectos, el bienestar de estos animales resultó ser mejor que el de sus pares urbanos. Lo que faltaba era acercar información a la comunidad y entender que el acceso a un médico veterinario esta fuera del alcance para algunos”, señala la académica.
De esta exploración pudieron recoger valiosos datos para orientar su trabajo en la formación de futuros profesionales: solo el 12,5% de los predios visitados había solicitado atención veterinaria para sus equinos durante el último año. Pero no por indiferencia, ya que el 87,5% de los propietarios describió su relación con sus caballos como de «cariño», y el 43,5% habló de «compañerismo». Es decir, el animal no es una herramienta de trabajo, es parte de la estructura familiar.
Uno de los propietarios de una comunidad mapuche les recibió y explicó que, cada año, realizan una gran ceremonia: el “Nguillatun”. Para esta se prepara a los caballos durante meses. No es un torneo, no hay premios: es un encuentro espiritual y ancestral centrado en la gratitud y petición de bienestar a los antepasados y espíritus del wenu mapu (tierra de arriba). Aquí el caballo forma parte esta ancestral tradición.

Académicos, egresados y estudiantes en un operativo en Futaleufú
Economía rural y salud animal: una ecuación sin margen de error
Para dar a entender por qué la presencia del veterinario en el campo no es un lujo, el Dr. Óscar Peralta, Director de Investigación y Postgrado, y experto en ganadería bovina, explica que una familia rural que vive de sus animales suele tener un solo ingreso al año. “Los terneros se llevan a las ferias, al destete, en enero o febrero. Ese recurso debe alcanzar para todo el año”, afirma.
Por esto, detalla que un animal enfermo sin diagnóstico, un aborto sin atención, una enfermedad no detectada a tiempo, significa un descuento importante en uno de los pincipales ingresos de varias familias.
La vulnerabilidad se agudiza en los sectores más apartados. El Dr. Alonso Segeur, experto en medicina veterinaria de emergencias y desastres, describe otro escenario que suele quedar invisibilizado: adultos mayores en zonas rurales, que viven solos con perros, gatos, gallinas y cerdos. “En estos territorios la densidad de animales por vivienda es mayor, la pirámide poblacional es más envejecida y los caminos no están pavimentados”.
El Dr. Raúl Alegría, destaca también lo que está en juego para las comunidades rurales: las implicancias sociales que tiene el que sus animales se enfermen y se mueran. Para una familia rural, perder su ganado no es solo un evento sanitario, es quedarse sin proteína, sin ingreso, sin la posibilidad de reponerlo.
Por su parte, el Dr. Rodrigo Morales, académico de la UC y subdirector de la Comisión Nacional de Tenencia Responsable del Colegio Médico Veterinario, aporta una mirada que amplía el diagnóstico: la condición en que viven los animales en zonas rurales de escaso desarrollo es, muchas veces, un indicador de recursos. Estudios demuestran que en estas zonas solo uno de cada tres hogares alimenta a sus perros con alimento completo y balanceado, y que “los municipios rurales de bajo desarrollo destinan hasta un 90% menos de recursos municipales para la tenencia responsable que las comunas de mayor desarrollo”.
Enfermedades invisibles
La equinococosis quística o hidatidosis es una enfermedad parasitaria causada por Echinococcus granulosus, un cestodo que habita en el intestino del perro y cuyo ciclo involucra a hospedadores intermediarios, como las ovejas y perros, que no suelen presentar síntomas. El ciclo se completa cuando los perros comen vísceras crudas de animales infectados, en el patio de una casa durante faenas de autoconsumo. Luego, las personas se infectan de manera accidental al ingerir huevos del parásito presentes en el ambiente, ya sea por contacto directo con perros infectados o a través de alimentos o agua contaminados.
“En terreno, junto a estudiantes de la escuela, hemos visitado zonas endémicas donde niños han mostrado cicatrices abdominales como consecuencia de cirugías para la extracción de quistes hidatídicos. Estas experiencias evidencian que se trata de una enfermedad prevenible, cuya persistencia refleja brechas en educación sanitaria, acceso a intervenciones básicas y continuidad de programas de control, reforzando la necesidad de estrategias integradas y sostenidas en el territorio”, afirma el Dr. Álvarez.
El académico explica que la solución técnica existe: desparasitación periódica de perros, vacunación de ovejas y fosas sanitarias para la eliminación de vísceras de ovejas. Modelos matemáticos predicen que en cinco años se podría reducir significativamente la prevalencia en ovejas si se desparasita a los perros y se vacuna al 75% de las ovejas. “El desafío radica en la ausencia de una presencia continua en el territorio: para lograr un impacto real, los programas de control deben mantenerse de forma sistemática por al menos cinco años”, concluye.

A esto se suma una dinámica que agrava el problema y que pocas veces se visibiliza. El Dr. Morales señala que cerca del 70% de los perros en zonas rurales llegan a las familias como regalo, sin preparación de las familias receptoras y, frecuentemente, sin manejos preventivos como esterilización, vacunación o desparasitación. «Esos animales, muchas veces mantenidos en malas condiciones de bienestar, se convierten en un vector adicional de enfermedades en territorios que ya cuentan con escasa cobertura veterinaria”.
Esa misma lógica aplica a otras enfermedades que circulan en silencio por el campo chileno y la respuesta de la medicina veterinaria no concluye en el diagnóstico. Este verano, en el marco del Programa de Investigación de Pregrado (IPRE) de la UC, el académico viajó a comunidades rurales de La Araucanía, para explorar el manejo de perros y su relación con la hidatidosis. Lo acompañaron estudiantes y egresadas.
“Pudimos detectar que existe conciencia sobre la presencia de la hidatidosis en la región; sin embargo, muchas personas aún desconocen cómo se transmite y la importancia del perro en su ciclo», señala Álvarez. El grupo también observó los daños que los perros ocasionan al ganado ovino.

Educación sobre tenencia responsable en la Región de la Araucanía
Investigación y docencia en terreno: la academia frente a las necesidades del campo
El Dr. Pedro Jiménez, académico de la Escuela de Medicina Veterinaria UC, lidera el curso de Introducción a la Medicina Veterinaria bajo la metodología de Aprendizaje + Servicio. En este curso, en 2023 y 2024, estudiantes de primer año desarrollaron proyectos sobre tenencia responsable y control de zoonosis, en colaboración directa con la Unidad de Zoonosis de la Municipalidad de Pirque.
“El resultado e información educativa se entregó a la comunidad para ser usados en operativos reales. La idea era que los estudiantes entendieran desde el primer año que el conocimiento veterinario no se cierra en el laboratorio: se juega en el territorio”, explica el Dr. Jiménez.
Según la experiencia constatada por los académicos, involucrar a los estudiantes en exploraciones y trabajo en terreno hace que los esfuerzos surjan desde una mirada humana y de servicio.
“Los estudiantes toman conciencia de que, por ejemplo, el sustento económico de una familia puede depender de que su gallina ponga la mayor cantidad de huevos posible al día. Si esa gallina se enferma, el problema no es solo el animal: hay que gastar en medicamentos, deja de producir y probablemente hay que terminar con esa producción y buscar otra alternativa”, afirma el Dr. Alegría.

Estudiantes presentaron un proyecto de tenencia responsable, en el marco de la metodología A+S
El Dr. Segéur indica que es en los grandes desastres socio-naturales cuando aumenta de manera muy importante la vulnerabilidad en el territorio y aumenta la transmisión de enfermedad. Por esto es muy importante que la medicina veterinaria también esté presente en esos eventos. La motivación por parte de los estudiantes está, y de sobra.
Según relata, los estudiantes que egresan hoy han participado en cinco o seis desastres reales aportando directamente en el territorio cuando más se necesita. “Hay una nueva generación que ya no separa la medicina del animal de la realidad de la persona que lo cuida”.
Hasta su muerte, el anciano de Illapel vivió por décadas con una insuficiencia cardiaca provocada por una enfermedad zoonótica. Su testimonio, sin embargo, quedó como un aporte significativo para académicos y estudiantes, reforzando la necesidad de comprender la interconexión entre la salud animal y humana, y de impulsar acciones preventivas orientadas a mejorar la calidad de vida de las comunidades.
