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Bienestar animal

Bienestar animal: la importancia de aprender a entender a las mascotas

17 de junio 2026


El vínculo emocional entre los chilenos y sus mascotas es excepcionalmente alto, pero convive con brechas en la comprensión del comportamiento animal y las prácticas de cuidado. Tres académicos de la Escuela de Medicina Veterinaria UC explican qué significa cuidar bien.

El 93% de los hogares chilenos con mascotas considera a su perro o gato un miembro de la familia, un porcentaje que supera ampliamente el promedio mundial y que refleja un vínculo emocional que ha transformado la forma en que los chilenos habitan sus hogares. El desafío actual es convertir ese apego en conocimientos y prácticas adecuadas de cuidado.

El Dr. Rodrigo Morales, subdirector de la Comisión Nacional de Tenencia Responsable del Colegio Médico Veterinario de Chile, señala que uno de cada tres casos de mordedura ocurre porque los tutores no logran leer las señales de su propio animal: una postura rígida, las orejas hacia atrás o un gruñido sostenido. «La epidemiología de las mordeduras hay que analizarla siempre a través del prisma del comportamiento y la falta de entendimiento por parte de las personas», afirma.

Formar en tenencia responsable

Una de las expresiones más frecuentes de esa brecha es la paradoja entre lo visible y lo que no se percibe a simple vista. Con frecuencia, los tutores priorizan la apariencia externa de su mascota -la ropa, el baño, la peluquería- por sobre su estado nutricional, su salud interna o su nivel de estrés. El Dr. Morales señala que esto responde a un problema de educación, no de recursos. «Conozco mucha gente que prefiere comprar tres capas a su perro antes que un antiparasitario de cinco mil pesos», señala.

La tenencia responsable implica, entre otras cosas, saber leer al animal: reconocer cuándo está relajado, cuándo pide contacto y cuándo prefiere que lo dejen tranquilo. Considera también entregarle un entorno predecible con rutinas estables, un espacio donde la mascota pueda retirarse sin ser interrumpido, y solicitar orientación médica ante las primeras manifestaciones de malestar en lugar de normalizarlos.

Señales de estrés, no problemas de conducta

El Dr. Francisco Leal explica que «muchas veces los tutores interpretan síntomas de estrés como problemas de conducta. Por ejemplo, un perro que jadea dentro de la casa sin haber hecho ejercicio suele estar manifestando estrés, y no necesariamente calor». Un estado de tensión, cansancio o sobrecarga sostenido reduce la capacidad de inhibición conductual, lo que puede derivar en reacciones defensivas ante estímulos mínimos que los tutores no anticipan.

En los gatos, “la alteración de los ciclos de sueño-vigilia se relaciona con vocalización nocturna excesiva, aumento de actividad nocturna, agresión redirigida y deterioro del vínculo humano-animal», señala la Dra. María Paz Iturriaga. Conductas que suelen atribuirse al carácter del animal corresponden, en muchos casos, a señales de malestar que no fueron detectadas a tiempo.

En este sentido, la Dra. Iturriaga recalca que el bienestar no depende solo de la ausencia de enfermedad, sino de la estabilidad ambiental y emocional que le permita, entre otras cosas, la posibilidad de dormir, descansar y retirarse del estímulo social cuando el animal lo necesita.

Una brecha que la educación puede cerrar

El apego afectivo que los chilenos tienen hacia sus mascotas no se traduce necesariamente en prácticas de cuidado. A nivel nacional, solo el 21% de los perros machos está esterilizado, frente al 59% de las hembras; una diferencia que habla de patrones culturales arraigados.

El Dr. Morales identifica la formación como uno de los pilares fundamentales para cerrar esa brecha. «El sistema educativo escolar no ha incorporado en su currículum las herramientas que permitan a niños y adolescentes desarrollar un vínculo responsable con los animales», afirma.

En ese marco, propone que el punto de partida sea incluir en las bases curriculares los conceptos necesarios para que niños y niñas puedan comprender el lenguaje de los animales, cómo prevenir mordeduras y las acciones básicas que implica una tenencia responsable. A ello agrega la necesidad de capacitar a profesores, funcionarios y apoderados a través de estrategias para amplificar el mensaje, y de avanzar hacia una estrategia que cierre las brechas educativas históricas existentes en Chile para una promoción integral del bienestar animal.


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