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Investigación

Archivos científicos vivos: dos fósiles reescriben la historia cretácica de Algarrobo

29 de julio 2026


Fotos:  Raúl Ugalde y Rodrigo Otero. Reconstrucciones IA: Josefa Gutiérrez y Escuela de Medicina Veterinaria

Un estudio publicado en Cretaceous Research, desarrollado en el marco del Núcleo Milenio EVOTEM —que reúne a investigadores de la Universidad de Chile, de la Universidad Mayor y de la Escuela de Medicina Veterinaria UC—, reinterpretó dos piezas que llevaban décadas en una colección científica, y que corresponden a un dinosaurio terrestre y un ave del Cretácico Superior. Más allá del hallazgo, la investigación muestra cómo la revisión de colecciones puede reordenar lo que sabíamos y abrir nuevas preguntas.

Durante décadas, dos fragmentos óseos hallados en Algarrobo permanecieron guardados en una colección científica bajo identificaciones que una revisión reciente permitió corregir. Uno de ellos, atribuido a un reptil marino, correspondía en realidad a un dinosaurio terrestre; el otro reveló la presencia de un ave que habitó la zona durante el Cretácico. Los fósiles no habían cambiado: cambió la forma de observarlos e interpretarlos.

«Observamos proyecciones óseas -los llamados trocánteres- cuya forma y posición son diagnósticas de un fémur de dinosaurio, es decir, el hueso del muslo. Además, la relación entre estos trocánteres es consistente con la de los ornitópodos, un grupo de dinosaurios herbívoros, por lo general bípedos o facultativamente cuadrúpedos, muy comunes durante el Mesozoico», explica Sergio Soto-Acuña, paleontólogo y autor principal del estudio. 

El autor principal del estudio, Sergio Soto-Acuña, junto a parte del equipo investigador durante el trabajo de campo en Algarrobo.

El científico forma parte del equipo del Núcleo Milenio EVOTEM (Evolutionary Transitions of Early Mammals) que busca comprender, desde la paleontología, la anatomía comparada y la biología evolutiva del desarrollo, las grandes transiciones que dieron origen a la biodiversidad actual. 

Otro elemento destacable de este hallazgo en Algarrobo es el alto valor de las colecciones científicas y su potencial para entregar nuevos significados. «No son depósitos estáticos de piezas antiguas y obsoletas, sino archivos científicos vivos que pueden seguir generando conocimiento permanentemente», afirma el líder del estudio. 

Imagen referencial del material fósil analizado, correspondiente a un dinosaurio herbívoro de gran tamaño.

Un ecosistema mucho más complejo de lo que imaginábamos 

Algarrobo ha sido reconocido por su registro fósil de fauna marina: plesiosaurios, mosasaurios, tortugas y tiburones que habitaron los ecosistemas que existían en la costa central de Chile hace aproximadamente 69 millones de años. Sin embargo, la identificación de un dinosaurio terrestre herbívoro y la reinterpretación de los restos de un ave del Cretácico Superior amplían el escenario. 

Según Soto-Acuña, los hallazgos permiten reconstruir un ecosistema más diverso de lo que se pensaba, en el que la fauna marina coexistía con la influencia de ambientes costeros cercanos.

«Resulta llamativo que la misma asociación general de vertebrados -ornitópodos y aves modernas- también aparezca en regiones tan distantes como la Península Antártica, que durante el Cretácico estaban conectadas con Sudamérica», agrega el investigador.

Estas coincidencias abren nuevas preguntas sobre la distribución de los vertebrados al final del Cretácico y muestran que Algarrobo aún tiene mucho que aportar a la comprensión de su historia evolutiva en el extremo occidental de Sudamérica.

Rocas de la costa de Algarrobo, parte de un valioso patrimonio paleontológico que los investigadores buscan resguardar.

Aves de ayer, aves de hoy 

El segundo fósil reinterpretado resulta aún más singular. Los investigadores descubrieron que los restos de ave correspondían en realidad al Cretácico Superior, un periodo del que en Chile se conservan muy pocos registros de este tipo.

Según los expertos, el material probablemente corresponde a un ave moderna del grupo Neornithes, el único linaje de dinosaurios que sobrevivió a la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años y del que descienden todas las aves actuales.  

«El registro de Neornithes, es decir, de aves modernas, es extremadamente escaso en rocas mesozoicas de todo el mundo, por lo que cada nuevo hallazgo es muy relevante. Los mejores fósiles de este tipo de aves proceden de lugares tan distantes como Bélgica y Antártica», explica Soto-Acuña.  

En este contexto, el investigador resalta que el fósil de Algarrobo adquiere un valor especial, ya que es el segundo descubrimiento de un ave moderna en la costa de Chile, junto con un registro histórico en Talcahuano, en la región del Biobío, conocido como Neogaeornis. 

«Aunque todavía es temprano para plantear conclusiones definitivas, este tipo de hallazgos sugiere que el margen Pacífico de Sudamérica pudo haber tenido un papel importante en la historia evolutiva temprana de las aves modernas, el grupo al que pertenecen todas las aves actuales», sostiene el paleontólogo. 

Una respuesta que conduce a nuevas preguntas 

 El material encontrado en Algarrobo es muy fragmentario, pero abre preguntas muy relevantes: ¿el margen occidental de Sudamérica -es decir, lo que hoy es Chile- pudo haber funcionado como una vía de dispersión para vertebrados continentales hacia el final de la era de los dinosaurios? ¿El extremo sur de Sudamérica sirvió de refugio para las especies que lograron sobrevivir a la extinción masiva que acabó con los dinosaurios? 

Las respuestas podrían estar en nuevos fósiles y en nuevas revisiones de colecciones científicas. Como expresa Soto-Acuña «así funciona la ciencia: volvemos una y otra vez sobre la evidencia para corregir interpretaciones previas, afinar hipótesis y, a veces, descubrir cosas que habían pasado inadvertidas, como el dinosaurio de Algarrobo». 


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